El aplazamiento de la entrada en vigor de Verifactu hasta 2027, aprobado por el Congreso el 11 de diciembre, ha dado oxígeno a muchas compañías que aún no habían abordado su adaptación.
La decisión reduce la urgencia a corto plazo, pero no cambia el sentido de la marcha: la digitalización de la facturación avanza y la relación entre empresas y Administración se orienta hacia modelos cada vez más automatizados, trazables y basados en datos.
Para las organizaciones que ya habían implantado soluciones compatibles, la pregunta es inevitable. Si el calendario se mueve, ¿hay que deshacer pasos, mantenerlos o ajustar la configuración?
La respuesta no es uniforme, porque depende del modo elegido, del grado de integración con la contabilidad y del nivel de automatización en el envío de registros, pero sí existe un principio común: haber avanzado no es un problema, sino una ventaja operativa. En GDX te ayudamos.
Qué implica realmente “tener Verifactu” en 2026
En la práctica, muchas empresas utilizan el término Verifactu para referirse a la preparación tecnológica para cumplir con los requisitos del reglamento de facturación, especialmente en lo relativo al registro de facturas, la trazabilidad y la integridad de la información.
Esto suele incluir sistemas de facturación que generan registros estructurados, protegen contra alteraciones y permiten evidenciar cuándo se emite y modifica una factura.
En algunos casos, además, se activa el modo de remisión automática de facturas o registros a la Agencia Tributaria. En otros, la empresa se limita a operar con un software que cumple con el estándar, pero sin envío automático.
Esta diferencia es clave, porque la operativa diaria, las dependencias técnicas y los flujos internos varían de forma notable según el modelo.
Tranquilidad para quienes ya están adaptados
Para las compañías que ya habían puesto en marcha un sistema compatible y lo tienen integrado con sus procesos, el aplazamiento no exige una acción inmediata. Pueden seguir facturando con normalidad, manteniendo sus controles internos y su trazabilidad.
De hecho, haber implantado antes suele traducirse en una mejora de la disciplina del dato, menos fricción en auditorías internas y mayor consistencia documental.
Además, la experiencia demuestra que los cambios normativos de este tipo suelen venir acompañados de ajustes técnicos y aclaraciones en fases posteriores. Estar ya digitalizado facilita incorporar cambios sin prisas.
El margen hasta 2027 permite estabilizar el sistema, depurar incidencias y formar al equipo con un enfoque progresivo, en lugar de hacerlo en un entorno de urgencia.
La opción de cambiar de modo y la flexibilidad operativa
Con el nuevo calendario, algunas empresas se plantean si tiene sentido mantener la remisión automática o pasar a un modo no Verifactu durante este periodo transitorio.
En este punto, la Agencia Tributaria ha difundido información orientada a flexibilizar ciertos supuestos, permitiendo cambios de modalidad sin tener que esperar necesariamente a un año natural completo, siempre que se preserven las garantías exigidas para el registro de facturación.
Esto no significa que convenga “volver atrás” por sistema. En entornos con alto volumen de facturas o con varias sedes, la remisión automática puede aportar orden y consistencia.
En otros casos, especialmente en compañías con procesos aún en transformación, puede ser más prudente mantener el cumplimiento técnico sin automatizar el envío, ganando tiempo para mejorar integraciones y gobernanza de datos. La decisión debe responder a la operativa real del negocio, no solo al cambio de fecha.
El riesgo de interpretar la prórroga como una pausa
El aplazamiento puede provocar un efecto conocido en los proyectos regulatorios: posponer decisiones tecnológicas hasta el último minuto.
Esa estrategia suele terminar en implantaciones apresuradas, sobrecargas del equipo financiero y soluciones elegidas por urgencia más que por encaje funcional.
El resultado habitual son adaptaciones que cumplen “en papel”, pero no mejoran procesos y generan fricciones operativas.
Para las empresas que ya tienen Verifactu, este riesgo se transforma en oportunidad. Mientras otras organizaciones retrasan decisiones, quien ya ha implantado dispone de un periodo largo para mejorar automatizaciones, revisar circuitos de aprobación y reforzar controles.
La ventaja competitiva no está en cumplir antes, sino en operar mejor con información más fiable y procesos más ágiles.
Digitalización de facturación y efectos más allá del cumplimiento
Verifactu forma parte de una tendencia más amplia que no se detiene con un cambio de calendario. El futuro inmediato apunta a mayor factura electrónica obligatoria, intercambio de información casi en tiempo real y exigencias de trazabilidad cada vez más homogéneas, como ya ocurre en diversos países europeos.
En ese marco, la factura deja de ser un documento aislado y pasa a integrarse como dato estructurado en la gestión del negocio.
La digitalización bien ejecutada impacta en conciliación bancaria, cierres contables, control de cobros, gestión de IVA y reporting interno. También mejora la relación con clientes y proveedores al reducir errores, duplicidades y tiempos de validación.
El verdadero retorno no es solo evitar sanciones, sino ganar eficiencia, transparencia y capacidad de análisis.
Qué conviene hacer durante 2026 si ya estás preparado
El nuevo horizonte hasta 2027 permite reforzar la madurez digital sin presión extrema. Es un buen momento para revisar la calidad de los datos maestros, homogeneizar criterios de emisión entre unidades de negocio y asegurar que la integración con ERP o contabilidad es sólida.
También resulta útil definir indicadores de control que permitan detectar anomalías, como saltos en numeración, rectificativas recurrentes o patrones de modificación. ¡Nosotros te ayudamos!