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El futuro de la empresa ya está aquí

Adaptar la empresa al mundo digitalizado no es fácil, pero es imprescindible

En 1985, en su película Regreso al futuro, Robert Zemeckis mostraba que en 2015 los coches volarían y la gasolina la servirían robots. Aunque dos años después de la fecha que proponía el director del film ya existen drones autónomos que se utilizan para tareas de exploración o salvamento, todavía no es habitual ver vehículos voladores por las calles de nuestras ciudades. En cambio, un concepto que hace 30 años podría sonar igualmente fantasioso como es el coche autónomo, sí se ha convertido ya en realidad: Tesla ha lanzado el Model 3, un vehículo eléctrico que lleva instalado todo el hardware, sensores y componentes que se estiman necesarios para la conducción autónoma. Así pues, todo parece indicar que no tardaremos mucho en ver pasar ante nosotros coches que se conducen solos.

Aunque a estas alturas ya suene a tópico, el mundo está cambiando a toda velocidad. Sin embargo, aún queda un reducto, como la aldea de Astérix, que resiste al invasor: la pequeña y la mediana empresa. Llevamos unos pocos años escuchando historias apocalípticas sobre digitalización y transformación digital: que la organización que no se adapte, desaparecerá; que es algo que hay que implantar para no quedarse atrás… Aun así, todavía hoy hay muchas empresas que ni se lo plantean, ni a corto ni a medio plazo. ¿Cómo es posible que, en un mundo en el que los coches se conducen solos, aún haya personas cuyo trabajo consista en introducir datos en un ordenador? ¿O que haya personas que controlan su actividad física mediante dispositivos conectados a un smartphone, pero todavía se resistan a implantar sistemas que automaticen tareas manuales y repetitivas en sus oficinas?

Los cambios cuestan, esto es innegable; asustan; suscitan dudas (¿por qué cambiar si hasta ahora hemos trabajado bien así?); imponen (¿por dónde empezamos ante un cambio tan grande?). No obstante, estas razones, aunque comprensibles, no son motivo suficiente para no afrontarlos. Porque lo cierto es que el mundo no va a dejar de evolucionar solo porque nosotros no queramos hacerlo.

Por ello, para las pequeñas y medianas empresas que no disponen de grandes recursos para resolver la cuestión a golpe de fichaje estelar, la mejor recomendación es confiar en un asesor externo, alguien que conozca las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen para optimizar los procesos que se llevan a cabo en las oficinas de cualquier organización.

Es importante que se trate de alguien capaz de implicarse en la empresa, de entender su forma de trabajar, sus fortalezas y sus debilidades. Solo así podrá aportar una solución personalizada, adaptada a sus necesidades y a sus particularidades.  Alguien capaz de convencer y de formar a las personas que integran la entidad, para que las soluciones no solo se instalen, sino que, además, se utilicen. Porque no estamos hablando de comprar e instalar aplicaciones informáticas, sino de transformar completamente las organizaciones desde la base y en este punto, lo fundamental no es la tecnología, sino las personas.

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